¿Qué dice el Pentágono sobre los fenómenos aéreos no identificados?
Imagínese por un momento que está pilotando un avión de combate y, de repente, un objeto que desafía las leyes de la física aparece en su radar. No emite señales conocidas, no responde a las comunicaciones y se mueve con una agilidad que deja a los ingenieros de la aviación con la boca abierta. ¿Es una nave espacial? ¿Un dron de alta tecnología de una potencia enemiga? ¿O algo que simplemente no podemos comprender todavía? Esta es la pregunta que ha mantenido en vilo al Departamento de Defensa de los Estados Unidos durante décadas.
A pesar de las teorías que inundan las redes sociales y las narrativas de ciencia ficción que dominan la cultura popular, la realidad institucional es mucho más sobria y, en muchos sentidos, más inquietante. El Pentágono no está buscando “marcianos”; está tratando de entender una anomalía que pone en riesgo la seguridad nacional y la integridad del espacio aéreo. En 2026, la postura oficial se ha consolidado en torno a la investigación técnica, la recopilación de datos rigurosos y la desclasificación progresiva de archivos que, hasta hace poco, eran secretos de Estado.
Para entender qué dice el Pentágono sobre los fenómenos aéreos no identificados, hay que separar el ruido mediático de los informes oficiales. La administración estadounidense ha pasado de la negación absoluta a una transparencia cautelosa, donde el objetivo principal es identificar si estos objetos representan un salto tecnológico de naciones adversarias o si son fenómenos naturales y físicos que aún no sabemos catalogar. No hay espacio para la especulación en los informes de la AARO; aquí se habla de seguridad, de inteligencia y de datos empíricos.
La evolución de la terminología: de OVNI a UAP
Durante años, el término “OVNI” fue el protagonista de las conversaciones públicas, cargado de connotaciones que a menudo desviaban la atención hacia lo paranormal. Sin embargo, el Departamento de Defensa ha optado por un lenguaje mucho más técnico y neutro. Actualmente, estos avistamientos se clasifican oficialmente bajo el término de Fenómenos Aéreos No Identificados (FANI) o, más comúnmente en el ámbito internacional, Unidentified Anomalous Phenomena (UAP).
Este cambio no es solo semántico. Al utilizar “Fenómenos Anómalos No Identificados”, el Pentágono busca despojar al tema de la carga emocional y conspiranoica para centrar el foco en la anomalía física. Un fenómeno es algo que ocurre y que puede ser estudiado; un “objeto volador no identificado” suena a algo que ya tiene una forma definida, mientras que la categoría UAP permite incluir cualquier tipo de anomalía que ocurra en el aire, en el mar, en el espacio o incluso en tierra.
Es una distinción fundamental para los investigadores. Al tratar estos eventos como anomalías, la inteligencia militar puede abordar los reportes desde múltiples ángulos: ¿es una interferencia electrónica? ¿Es un fenómeno meteorológico extremo? ¿O es, efectivamente, una tecnología de propulsión avanzada que no debería existir según nuestros conocimientos actuales? El enfoque es puramente analítico, buscando la “firma” de la tecnología detrás del fenómeno.
Hitos clave en la desclasificación oficial
La transparencia actual no es fruto de la noche a mañana. Ha sido un proceso de desclasificación por etapas que comenzó a ganar tracción a finales de la década pasada. Uno de los puntos de inflexión más significativos ocurrió en abril de 2020, cuando el Pentágono decidió liberar tres vídeos grabados por pilotos de la Marina.
Estos vídeos, grabados en 2004 y 2015, ya habían sido reconocidos como auténticos por la Armada estadounidense en 2019, pero su difusión pública fue el “momento de la verdad” para la opinión pública. Estos registros mostraron objetos con capacidades de maniobra que no cuadraban con las aeronaves conocidas en aquel momento, lo que obligó a las autoridades a admitir que había cosas en el cielo que no sabían explicar.
A partir de ahí, la pelota empezó a rodar con más fuerza. La inteligencia de EE. UU. no se quedó de brazos cruzados y comenzó a organizar estructuras dedicadas exclusivamente a este estudio. La creación de la Fuerza de Tareas de Fenómenos Aéreos No Identificados (UAPTF) fue un paso crucial para unificar los esfuerzos de la Oficina de Inteligencia Naval y el FBI en una sola línea de investigación.
El informe de 2021 y la falta de explicaciones
En junio de 2021, la comunidad de inteligencia estadounidense dio un paso de gigante al publicar el informe “Preliminary Assessment: Unidentified Aerial Phenomena”. Este documento es, quizás, uno de los más honestos y directos que el gobierno ha emitido hasta la fecha. ¿Por qué? Porque admitió una realidad incómoda para cualquier institución militar: de los 144 avistamientos militares analizados en ese momento, el gobierno no tenía ninguna explicación para 143 de ellos.
Esta cifra es demoledora. Pero el hecho de que casi la totalidad de los casos permanecieran sin resolver demuestra que el Pentágono se enfrenta a un problema de conocimiento real. No es que no quieran decir la verdad; es que, en muchos casos, la verdad es que no saben qué están viendo.
Este informe sentó las bases para la creación de organismos más robustos. Ya no bastaba con una fuerza de tareas temporal; se necesitaba una estructura permanente capaz de investigar anomalías en todos los dominios posibles, no solo en el aire. Así nació la Oficina de Resolución de Anomalías en Todos los Dominios (AARO), que hoy es el pilar central de estas investigaciones.
La AARO y el estudio de los registros históricos
La AARO fue establecida formalmente en julio de 2022 para suceder a organismos previos como el AATIP y la UAPTF. Su misión es clara: investigar fenómenos en el aire, el mar, el espacio y la tierra. Pero lo que realmente ha llamado la atención de los analistas es su enfoque hacia el pasado. El Pentágono no solo mira hacia el futuro; está revisando sus propios archivos de décadas anteriores.
En marzo de 2024, la AARO publicó el documento “Report on the Historical Record of U.S. Government Involvement with Unidentified Anomalous Phenomena (UAP) Volume I”. Este informe es vital para entender qué dice el Pentágono sobre los fenómenos aéreos no identificados en términos de origen. El documento determina de forma tajante que no existe evidencia empírica de que las investigaciones del gobierno de EE. UU. desde 1945 hayan hallado tecnología o vida extraterrestre.
Esta es la distinción que separa la postura oficial de las teorías conspirativas. Mientras que el público suele saltar a conclusiones sobre naves espaciales, el Pentágono se mantiene firme en que, hasta la fecha, no hay pruebas de vida fuera de la Tierra. Lo que sí hay son anomalías que requieren explicación. Es una diferencia de matiz, pero en términos de política de seguridad, es una diferencia abismal. La AARO está tratando de limpiar la narrativa, eliminando la fantasía y dejando solo los datos técnicos sobre objetos físicos que se mueven de formas inexplicables.
El programa PURSUE y la transparencia de 2026
Estamos en 2026 y el nivel de apertura ha alcanzado un punto sin precedentes. Bajo una directiva del presidente Donald J. Trump emitida en febrero de este año, el Departamento de Guerra puso en marcha el sistema PURSUE (Presidential Unsealing and Reporting System for UAP Encounters). Este sistema tiene como objetivo desclasificar y centralizar todos los archivos oficiales sobre UAP en una plataforma web pública: WAR.GOV/UFO.
La intención es clara: que el ciudadano común y la comunidad científica puedan acceder a la información sin tener que recurrir a filtraciones o teorías de “guerrilla informativa”. El primer lote de documentos desclasificados bajo este programa, lanzado en mayo de 2026, fue una verdadera mina de oro para los investigadores. Constó de 161 documentos que incluían cables diplomáticos, testimonios y, lo que es más sorprendente, fotografías nunca antes vistas de las misiones espaciales Apolo 12 y Apolo 17.
Es una jugada maestra de transparencia. Al liberar estos archivos, el Pentágono está diciendo: “Aquí están nuestros datos, analícenlos”. Sin embargo, la cantidad de documentos publicados ha generado cierta confusión en las crónicas periodísticas. Mientras que el comunicado oficial del Departamento de Guerra especifica 161 documentos en la entrega inicial de mayo de 2026, otras fuentes reportan lotes de apenas 40 o 50 archivos en las entregas posteriores de junio y julio del mismo año. Esta falta de consenso en las cifras exactas de las entregas sucesivas es un recordatorio de que la gestión de tanta información desclasificada es un proceso complejo y, a veces, desordenado.
Seguridad nacional vs. especulación popular
Si analizamos la postura oficial de los informes del Pentágono, una prioridad destaca por encima de todas: la seguridad aérea. Para el Departamento de Defensa, los UAP no son una curiosidad científica ni un tema de debate filosófico sobre nuestra posición en el universo. Son un problema de seguridad en la navegación aérea de los pilotos militares y, potencialmente, una amenaza tecnológica.
Existe una preocupación real por lo que podría ser un “salto tecnológico” de naciones adversarias. Si un país rival ha desarrollado una forma de propulsión o de sigilo que desafía las leyes de la física conocidas, el Pentágono necesita saberlo para proteger el espacio aéreo estadounidense. Es una cuestión de soberanía y defensa. Por eso, los informes se centran en la capacidad de maniobra, la velocidad y la firma de radar de estos objetos, no en su posible origen biológico o extraplanetario.
Aquí es donde la brecha entre la narrativa oficial y la popular se vuelve más evidente. Mientras las coberturas mediáticas mantienen el foco en la especulación sobre naves y vida extraterrestre, el Pentágono sigue hablando de “eventos sin resolver” y “posibles incursiones militares”. Es la diferencia entre ver una película de ciencia ficción y analizar un reporte de inteligencia sobre una posible vulnerabilidad en el sistema de defensa nacional.
Metodologías de análisis y el uso de la IA
Para abordar estos fenómenos, la AARO no se puede permitir errores de interpretación. En agosto de 2025, la oficina organizó junto a Associated Universities, Inc. (AUI) y la Universidad Estatal de Florida (FSU) un taller titulado “2025 UAP Workshop: Narrative Data, Infrastructures, and Analysis”. El objetivo de este encuentro fue estandarizar los datos y aplicar inteligencia artificial con supervisión humana para analizar los reportes de UAP.
¿Por qué es tan importante la estandarización? Porque los reportes de avistamientos suelen ser subjetivos y estar llenos de lenguaje ambiguo. Para que un dato sea útil para la inteligencia militar, debe ser preciso. La IA permite procesar miles de horas de video y datos de sensores para detectar patrones que el ojo humano podría pasar por alto, mientras que la supervisión humana garantiza que la interpretación final no sea un error de algoritmo.
Como bien señaló Tim Spuck, director de educación y participación pública de AUI, este proceso es fundamental para cualquier avance real en el estudio de estos fenómenos:
«Like any scientific endeavor, answering questions around UAP requires rigorous data collection, standardization, and analysis» Tim Spuck, director de educación y participación pública de Associated Universities, Inc. (AUI)
En español, Spuck enfatiza que, al igual que cualquier esfuerzo científico, responder a las preguntas sobre los UAP requiere una recopilación de datos rigurosa, estandarización y análisis. No hay atajos en la ciencia militar; si quieres saber qué hay en el cielo, primero tienes que saber exactamente qué estás midiendo.
Resumen de hitos y organismos oficiales
Para tener una visión clara de la estructura actual de investigación, es útil observar la cronología de los organismos y documentos que han definido la postura del gobierno estadounidense en los últimos años:
Año
Hito / Organismo
Descripción Clave
2020
Desclasificación de Vídeos
Difusión de tres vídeos de la Marina con objetos de maniobra anómala.
2021
Informe de Inteligencia
Conclusión de que 143 de 144 avistamientos militares no tenían explicación.
2022
Creación de AARO
Establecimiento de la Oficina de Resolución de Anomalías en Todos los Dominios.
2024
Informe Histórico (Vol. I)
Determinación de que no hay evidencia empírica de vida extraterrestre desde 1945.
2025
Taller de IA y Datos
Colaboración con AUI y FSU para estandarizar datos y usar IA en el análisis.
2026
Programa PURSUE
Lanzamiento del sistema de desclasificación centralizada y publicación de archivos Apolo.
Diferencias de criterio y datos sin consenso
A pesar de los esfuerzos de transparencia, todavía existen áreas donde la información es fragmentaria o no cuenta con un consenso unánime. Por ejemplo, existen evaluaciones técnicas que solo aparecen en los registros internos o en sitios web muy específicos de la AARO y que no han sido ampliamente difundidas. Una de ellas es la evaluación de un vídeo infrarrojo militar de 25 segundos capturado en Europa en 2023, donde la AARO concluyó con una probabilidad superior al 95% de que se trataba de aves. Otro caso es un fragmento de vídeo de 20 segundos de 2022 registrado por el Mando Europeo de EE. UU., que muestra un objeto físico sin comportamientos anómalos; este dato solo figura en los registros audiovisuales de DVIDS/AARO.
Incluso hay casos que generan dudas sobre la consistencia de la información. Existe un análisis realizado en 2024 por el Oak Ridge National Laboratory (ORNL) a petición de la AARO sobre un espécimen metálico recuperado en Ohio en la década de 1990, el cual concluyó que se trataba de una aleación común de aluminio. No obstante, este dato solo consta en la documentación interna de la AARO y no ha sido validado por fuentes externas independientes.
Del mismo modo, hay informes que circulan de forma aislada y que no presentan un consenso claro. Por ejemplo, se ha mencionado un informe sobre la desclasificación en junio de 2026 de expedientes relativos a observaciones de esferas luminosas sobre el noreste de EE. UU. entre 2025 y 2026, así como un incidente en el aeropuerto de Harare (Zimbabue) en 2008. Sin embargo, estos datos han aparecido en fuentes periodísticas únicas, lo que impide confirmar su veracidad o su importancia dentro del marco general de la investigación del Pentágono.
En última instancia, la postura del Pentágono es una mezcla de honestidad técnica y cautela estratégica. Admiten que hay cosas que no pueden explicar, pero se niegan a participar en la especulación sobre naves espaciales hasta que no tengan pruebas irrefutables. La prioridad es el cielo, la tecnología y la seguridad de la nación. Todo lo demás, por ahora, queda en el terreno de la hipótesis.
Quizá también te interese:
Fuentes consultadas
- elpais.com
- war.gov
- wikipedia.org
- lavozdegalicia.es
- defense.gov
- aaro.mil
- aui.edu
- infobae.com
- dvidshub.net
Este artículo se ha elaborado con asistencia de inteligencia artificial a partir de las fuentes citadas, y ha pasado una verificación automática de datos antes de su publicación. La selección del tema y la decisión de publicarlo son editoriales.